viernes, 4 de junio de 2010

SILVIO RODRIGUEZ Y FIDEL CASTRO


LA SICODELIA Y LA NUEVA TROVA
Por Andrés Pascual

Hay un momento en que la simpatía del seguidor de cierto tipo de artista se pone a prueba ante la disyuntiva del “binomio”, que no es otra cosa que aceptar que, incluso el genio, se pueda identificar como “gran artista-mala persona”, dice Ignacio Vidal-Folch que la dificultad para aceptar este binomio “proviene de una fe religiosa en el arte y en sus clérigos…”

El caso mas sonado en el voto contra un artista, aprobado por todo el mundo de su época, fue la negativa de Charles De Gaulle a indultar a Roberto Brasillach, acusado de colaborar con los nazis durante la ocupación de Francia. Brasillach, un joven poeta de tendencias inclinadas a “los ismos”, fue condenado a muerte en 1945.

A Brasillach, según Vidal-Foch, le clasifican como el villano máximo de la literatura y fue el director de la revista Je Suis Partout, la más leída, la mejor hecha, y la más odiada de su época. Dicen que el poeta traidor recibió la notificación de su condena con un gesto de elevado perfil de carácter al responderle al comisario: “Es un honor…”

Cuando la traición del artista es un voto por una tiranía capaz de asesinar a sus compatriotas, cuando un artista es capaz de tergiversar las realidades para promover y ofrecer un arte contaminado; entonces como artista es un fraude y como persona un vil instrumento capaz de utilizar el talento de manera oportunista y pisotear así los cadáveres sedientos de justicia en pro de sus intereses, solo coincidentes en el alcance de un “modus vivendi” al cual, quizás, no hubiera accedido en situaciones normales de respeto; mas que al paisano, al ser humano.

En muchos cubanos funciona el concepto tradicional de decisión ante el “binomio” al no ser capaces de elegir lo obligatorio, que seria el rechazo absoluto a algunos artistas que cumplen un papel tan detestable en el asunto nacional que empequeñecen a estatura enana su clase profesional si es que la tienen.

Silvio Rodríguez y la Nueva Trova, íntegramente, son figuras detestables del “pseudo arte” fidelista a través de la música militante, grotesca continuación tropical de aquel experimento creado por Máximo Gorki y José Stalin, “el realismo socialista”, que secuestro la gran literatura rusa del XIX y la primera mitad del XX en pro de una circunstancia aborrecible como la practica de la ideología leninista-comunista a través de la imposición de una terrible y criminal gestión de dictadura tiránica, personal o de grupo.

La represión castrista sometió a su niñez y a su juventud a la violación del ciclo generacional mas absoluto: ni niño durante su niñez; ni joven durante su juventud…directo a una adultez rara, con fundamento en una filosofía neo esclavista y expresado todo por consignas y lemas; vivido todo en medio de escaseces impuestas como control político de la sublevación y castigado hasta con la muerte quien ose, no sublevarse; sino protestar.

Mi generación no pudo vivir la sicodelia, que en realidad a mi me intereso solo su música y la ropa y en nada los hippies; ni los movimientos de protesta contra la Guerra de Vietnam; ni los grupos antiamericanos encubiertos en pancartas por la paz, ni la Brigada Venceremos, ni las visitas de Panteras Negras a La Habana…nada de eso; pero The Dave Clark five, The Troggs, The Rolling Stones si me interesaban; tal vez juzgue equivocado, pero creía que Bob Dylan estaba en el bando rojo de aquí y nunca lo asimile, ante la discrepancia creada por el binomio con el cantante de “Like a rolling stone”, me fui por la variante de “persona no grata, rechazable” y le deje a otro tipo de entusiasta que se entretuviera con lo de “creador genial” y lo colocara en calidad de icono. Yo no podía, la verdadera lucha entre el Este y el Oeste, entre civilización y barbarie, entre libertad y esclavismo se desarrollaba en Cuba durante los sesentas y el verdadero genocidio de la inteligencia, de la disposición y del emprendimiento de la juventud se cometió en Cuba: fuimos un experimento diabólico en cuanto al sacrificio de la propia vida y del concepto mas absoluto de “decisión personal” y el mundo como si con el no fuera y la ola de promoción de Castro y Che Guevara por la intelectualidad trasnochada europea, latinoamericana y antiamericana de aquí, apoyando semejante aberración en todas sus variantes.

Con la Nueva Trova el desgobierno cubano pretendió rellenar el vacío que provoco la censura contra ese ogro diversionista que es “la música hecha bajo cañones de libertad de expresión”.

Un grupo de oportunistas de lenguaje ambivalente dispuestos a sacrificar su moral social en pro del reconocimiento político; algunos talentosos como Silvio y Pablo y en menor grado Noel Nicola y el circuito musical de la musical Isla de Cuba puesto a los pies de estos individuos para que hicieran lo único que verdaderamente siempre han sabido: pisotearlo.

Hoy el binomio funciona a la perfección con estos “cantautores” cuando un cubano le dice, sin ninguna pena, que “no esta con Fidel; pero le gusta Silvio” Vaya usted a saber con que se come eso.

La Nueva Trova no gano adeptos en Cuba, se la impusieron al joven por medio del proceso “no selección”; es decir, que como que no se tenía otra opción de entretenimiento, apostaba por el movimiento y sus perniciosas cabezas. Para llevar a cabo el plan se suspendieron de radio y televisión a todos los cantantes hispanos de fama y clase que, como en cualquier lugar, estaba pegados; entonces aparecieron acusaciones estúpidas contra unos y ni eso contra otros, por lo que José Feliciano, Sandro, Julio Iglesias, Camilo Cesto, Los Ángeles Negros y todos los grupos de lengua inglesa del pop internacional fueron proscritos en pro de la implantación de la Nueva Trova que, además, copo los programas de radio y televisión de objetivo juvenil.

El desgobierno sabia que solo sin posibilidad de alternativas un joven universitario cubano muerto de hambre, realistamente hablando, se podía disparar a Pablo Milanes, a Silvio Rodríguez o a Sara González reclamando libertades para un uruguayo que podía viajar a cualquier lugar del mundo si tenia el dinero para hacerlo, mientras ellos en Cuba no podían ni exigir la música que les gustaba.

El brujo mayor en este concierto de deslealtades y traición al pueblo cubano es Silvio Rodríguez, una maquina de componer loas, lemas y compromisos mas que canciones; un tipo que se comprometió y nunca protesto por nada mal hecho en su país contra la juventud; un tipo que no es verdad que sea poeta, la poesía no puede ser, por concepto lirico, un arma del represor; pero si lo fuera, como muchos otros allí, un día decidirá tanto el binomio en su contra que, tal vez, se le aplique de la forma como se decidió en el caso Brasillach.

Miami, FL., USA
06/04/2010

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