viernes, 11 de junio de 2010

CHIMAMANDA ADICHIE, DESTACADA ESCRITORA NIGERIANA


EL PODER DE LA IDENTIDAD.
Lic. Amelia M. Doval

Una escritora nigeriana, Chimamanda Adichie, en una conferencia que circula en los servicios de internet, habla sobre el peligro de los pueblos con una sola historia. Limitar el pensamiento a una idea, un esteriotipo de civilización predispone sobre la opinión general que circula respecto a diferentes seres humanos. En la mayoría de los casos la grandeza del poder, según la escritora, es el principal problema mundial, por eso hay que comenzar la historia desde los orígenes, porque es la única manera de despojar a los pueblos de falsas apreciaciones o engaños, tipico de almas dominates y destructivas.

Africa, América, Asia, y Europa son continentes poblados por hombres diversos pero, ansiosos de vivir, con sus diferencias de piel, de cultura, de idiomas. Pueblos que andan a veces entre los dos mundos, la tradición y el desarrollo. Nunca serán menos ni más que otros porque cada cual tiene su historía de poder. La civilización ha venido por igual, los gobiernos han sido quienes devaluan los éxitos.

Cuba, por ejemplo, necesita tener sus memorias, reales, cotidianas que muestren un pueblo independiente del gobierno. En la isla existe una infraestructura política en bancarrota y una dictadura aborrecible pero una parte importante de la población intenta prosperar, sin importar los parámetro de pobreza a los cuales son sometidos.

Muy a pesar del mando directivo y, no como consecuencia de sus administraciones, se intentan sostener las ambiciones que en otros momentos fueron la causa de un desarrollo económico acelerado, creando sobre la nada una subeconomía controlada por las necesidades y apariencias. Estigmatizar con historias falsas o tergiversadas significa calumniar un pasado, una evidente voluntad de quebrantar la honra. Destruir la autoestima de los hombres y mujeres con ansias de vivir, permite doblegar sus instintos.

Los gobiernos únicos, con únicos postulados, son tan dañinos como crear una sola historia con un pensamiento solitario para describir el hilo conductor de una urbe. Borrar las tradiciones o los inicios del surgimiento de un país, significa hundirse en el infierno porque se carece de identidad real y sin ésta las fronteras entre el querer y el poder se hacen intransitables.

Los cubanos tienen personalidad, creada muchísimo antes de 1959, fecha en que los actuales gobernantes, quienes han sostenido el mando por más de 50 años,comenzaran la destrucción, física, moral, espiritual de su identidad. Los cubanos, son hombres y mujeres que trabajan, ríen, construyen o destruyen según sea el caso. No son monstruos de varias cabezas sino terrenales criaturas ingenuas, bondadosas, honradas o perversas pero, no más ni menos que otros individuos alrededor del mundo.

Catalogarlos como vagos, mentirosos, ladrones, es mezclar lo particular con lo general. Significa seguirle el juego al gobierno que justifica su toma de acción con mano dura porque debe controlar los bajos instintos de gente no preparada para dirigirse solos. Esto es falso, una aberrante palabrería que se muestra como verdad absoluta a escala mundial.

Lo que está mal no es el pueblo, equivocado está el sistema, infame es el gobierno. Permitir la permanencia en el poder de tales especímenes es culpa de todos, jóvenes, viejos. Emigrantes y aquellos que aún están dentro de los límites obligados por una isla solitaria. Las mujeres, los hombres, quienes critican o quienes apoyan.

Culpables sin excepción es todo lo que durante años se ha mantenido alrededor de esta línea que divide las necesidades o aspiraciones de un pueblo contra el interés de poder y sometimiento de los que robaron el mando para adueñarse como latifundistas renegados de las tierras que por imposición hicieron suya. La culpa no es un castigo, es el comienzo de asumir la patria como un todo contra unos pocos.

A partir de este punto la visión se puede proyectar hacía la posibilidad de agrupar corazones y sentimientos en favor de la lucha, no dividir, ni entronizar posibles soluciones que no llevan a nada. Enseñar a los nacidos durante el régimen, la verdad sobre un país diferente al que han visto, mostrar un mundo que es defectuoso pero, mejor del que se tiene, abre las perspectivas.

La isla de Cuba no surgió con la historiografía escrita después del 59 la cual resume y ahonda en las miserias económicas y espirituales del ser humano. El desarrollo de esta isla proviene de una identidad marcada mucho antes de ser una república. Esperar un rescate o una mano ajena para ayudar en esta lucha es similar a pedir al vecino que ayude a sostener la economía de otra casa. Entre cubanos está la decisión, el coraje y la predisposición para la batalla.

Está también, la verdad sobre nuestros orígenes. Pobreza y mezquindad son palabras nuevas en boca de títeres que tergiversan el verdadero poder para dominar y empequeñecer las consecuencias. No hacen falta críticas, se necesita conocimiento, comunicación, pintar la verdad con palabras, gestos, acciones, todos los medios y descorrer el velo.

Miami, Fl., USA
dovalamela@yahoo.com

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