domingo, 14 de marzo de 2010


HABLANDO DE LIBERTADES
Por: Elsa M. Rodríguez

Cuando una persona tiene la habilidad de hacerse escuchar para que sus buenos deseos puedan llevarse a cabo, es una pena que no utilice estas facultades en bien de su pueblo. Me refiero a Mariela Castro, hija de Raúl Castro, sobrina del dictador Fidel Castro.

Ella está consiguiendo algo que es muy difícil aún en países del primer mundo, con alta tecnología y con libertades tanto de expresión, como de reunión, donde es normal la aceptación de que existan seres con una apariencia de género que no corresponde a aquel que vive en su interior. Es decir, que a nadie le escandaliza ya la existencia de homosexuales, ya sean masculinos o femeninos. Sin embargo, en Cuba donde la gente promedio tiene que llevar sus sábanas, su jabón y su papel higiénico a un hospital cuando ingresa, Mariela ha conseguido que ahora se hagan operaciones de cambio de sexo.

No tenemos nada en contra de esto. Simplemente, pensamos que si a Mariela tanto su tío como su padre le conceden carta blanca para poder practicar sus ideas liberales en cuanto a la preferencia sexual se refiere, sería muy encomiable si ella aprovechase esa oportunidad que le dan sus parientes, para dedicarse a la labor de libertar a los presos de conciencia, a pedir que al igual que haya libertad de elección a la hora de escojer pareja la haya también para decidir cada uno su futuro, libertad para decir lo que piensa, que también la gente tuviese libertad para viajar fuera y dentro de la isla, y que pudieran ir a ella todos los que un día salieron, sin temor a ser juzgados como enemigos.

En fin, que sería de agradecer que a esta niña mimada a la cual se le conceden sus caprichos progresistas, también se le ocurriera que sería mejor que el ciudadano pueda tener libertad para todo en Cuba y no solamente libertad para escojer su sexo.

Hialeah, Fl., USA
lapupasmiami@att.net

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