jueves, 19 de noviembre de 2009

¿QUE GARANTIAS LE OFRECE CUBA AL TURISTA?


Cada vez que hablo con mis familiares en Cuba siempre me hacen la misma pregunta: “¿Cuándo vienes?”. No debo negar que estoy loco por pasarme un buen tiempo con mis familiares más allegados, vecinos y conocidos del pueblo, pero el temor a regresar a la cárcel de dónde logré escapar me lo impide.
Todos los días veo personas en el aeropuerto de Miami que viajan a la isla como “Pedro por su casa”. Al regresar se les escucha quejarse del servicio al turista, de que le cobraron de más por las libras que llevaban, de que los trataron mal, de que se fue la luz, de que hay tremenda escasez de alimentos, etc., pero siguen yendo todos los años. Al parecer el cubano de hoy en día es víctima del maltrato.
Cada vez que oigo esos lamentos me hacen recordar cuando yo vivía allá. Moví cielo y tierra para vivir en tierras de libertad y, con crisis y todo, no cambio a este país por ningún otro. La constitución de EE.UU. nos ofrece a todos sus ciudadanos el derecho a la libertad de prensa y de expresión, cosas que nunca pude disfrutar en la tierra que me vio nacer. Hay quienes me echan miedo por denunciar públicamente todas las cosas que pasan en Cuba, pero si éste es el precio que tengo que pagar, pues prefiero seguir haciéndolo.
Hace casi diez años que no veo a mis seres queridos ni a mi Cuba Bella. No critico al que vaya, está en todo su derecho. Yo no lo hago por la simple razón que no me siento seguro. A veces me pregunto qué sucedería si algún día decido ir y termino en la prisión, como les sucedió a dos turistas checos recientemente por formar una trifulca en el aeropuerto de La Habana y hablar mal de los hermanos Castro. Pienso que en nuestra querida Patria desgraciadamente no existen garantías para los turistas. Es por ello que no me atrevo a ir.

1 comentario:

  1. Apuesto que esos que van y vienen también cargan en sus maletas el miedo. La diferencia es que lo han aceptado.
    Tienen la suerte de vivir en tierras de libertad, pero siguen encadenados por dentro, adecuando sus decires y haceres al triste y ya clásico: "no me conviene, no quiero marcarme, etc."
    Allá ellos con su condena.

    ResponderEliminar