miércoles, 6 de julio de 2011

EL JURADO DE ORLANDO DECLARA "NO CULPABLE" A CASEY ANTHONY


CONMOCION POR FALLO EN CASO DE CASEY ANTHONY
AUDRA D.S. BURCH
aburch@MiamiHerald.com

El veredicto pasó como un rugido por la muchedumbre silenciosa.

Inocente de asesinato de primer grado. Inocente de abuso infantil con agravantes. Inocente de homicidio involuntario.

Y entonces, con un suspiro colectivo, la reacción: “Dios mío, Dios, mío”.

Para los que esperaban fuera del juzgado de Orlando por el veredicto del caso de Casey Anthony después de seis semanas de testimonios, 11 horas de deliberaciones y tres años de incansable atención por parte de los medios de prensa, la noticia de que el jurado había absuelto a la madre de 25 años de todos los cargos excepto los menores de mentir a la policía, los dejó perplejos y estupefactos, airados y con lágrimas en los ojos. Incluso con los cuatro cargos de conducta impropia de los que fue hallada culpable, Anthony podría ser puesta en libertad el mismo jueves.

“Caylee murió en vano. Esa pobre bebé inocente fue asesinada y tratada como si fuera basura”, dijo Lanai Yelverton, secándose las lágrimas. Yelterton, una madre de Chattanooga, Tennessee, y su esposo renunciaron a sus planes de pasar las vacaciones en Disney para esperar el veredicto frente al tribunal. “No hay justicia en la actualidad en nuestro sistema”.

Las emociones eran fuertes en esos primeros momentos, mientras la muchedumbre, armada de teléfonos celulares, cámaras de fotos y video, se agitó alrededor del tribunal. Algunos lloraron. Algunos maldijeron. Personas desconocidas se abrazaron unas a otras, debilitadas por la decisión. Hubo estallidos de ira, especialmente cuando la absolución de Anthony atrajo comparaciones con el juicio de asesinato de OJ Simpson hace más de 15 años. Algunos empezaron a entonar, frustrados: “Queremos justicia… Justicia para Caylee”.

En la esquina más alejada de la rotonda, Keettely Cooper se aferró a la medalla de la Virgen María que le colgaba del cuello y se apoyó en las columnas de granito del juzgado. Cubrió con sus manos los ojos llenos de lágrimas. “¿Cómo pudieron, cómo pudieron…?”

“Yo siento como si Caylee no hubiera sido simplemente la bebé de Casey, ella llegó a ser nuestra bebé”, dice Cooper, de 45 años, vecina de Orlando, quien había esperado el veredicto junto a las puertas desde temprano en la mañana. “No hago más que pensar en mis dos hijos, y no puedo imaginarme haciéndoles daño”.

Cientos de personas vinieron de lugares tan lejanos como Alemania para ser parte de un momento público, una decisión de vida o muerte para una madre de Orlando acusada de matar a su propia hija para dedicarse a una vida de fiestas y clubes nocturnos. Para muchos de los que se reunieron en el calor del verano, la decisión equivalió a un terrible aborto de la justicia. Para otros -una minoría, al menos en la muchedumbre junto al juzgado- la absolución fue la prueba de lo que ellos siempre habían creído. Casey Anthony no pudo haber matado a su hija. E incluso si lo hubiera hecho, la fiscalía fracasó en probarlo.

“El estado no pudo probar su caso. Hay que ir más allá del drama y de las mentiras”, dijo Sherri Jaques, quien fuera maestra de Inglés de Anthony en séptimo grado. “Que ella haya mentido no quiere decir que ella asesinara a su hija”.

Miami, FL., USA
07/06/2011

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