miércoles, 10 de noviembre de 2010

QUE LINDA ERA LA HABANA ANTES DE QUE LOS CASTRO LA DESTRUYERAN


PINCELADAS DE LA HABANA COSTUMBRISTA Y CREATIVA
Por José (Pepe) Martel.

En La Habana después del triunfo de la revolución de 1959 todo fue cambiando y desaparecida al mismo tiempo. Tú puedes cambiar para mejorar pero esos nuevos cambios tan profundos en la vida de los cubanos resultaron radicales y profundos dando lugar al exterminio de facilidades, costumbres, modales y libertades en la vida del cubano normal. Observar que han pasado cinco generaciones donde una gran mayoría siguen con el mismo juego de sala (remendado), el mismo colchón de muelles partidos y sustituidos por paja y papel de periódico todos sumidos en una miseria tétrica y mortal. El refresco embotellado sustituido por sirope de sabores desconocidos. Una ciudad destruida y cayéndose en pedazos si haber sido nunca bombardeada. Calles y avenidas con pavimento desbaratado, basureros pestilentes y amontonados en cada esquina. Costumbres desvanecidas con nuevas generaciones que nunca conocieron estas memorias que quiero relatar tal como me vienen a mi mente.

Ahora en "cada calle un CDR (chivatos sin sueldos)" antes en cada esquina una bodega, carnicería, bar, puesto de frutas, zapatería, relojería y alguna cafetería. En cada barrio encontrabas quincallas, guaraperas, lavandería y tintorería con tiendas de artículos con infinidades de ofertas. Un consumismo diario del pueblo donde como se decía "aquí hasta el más pobre vive" y las ansias de superación eran de interés de todos. También habían billares de baja calaña, como prostíbulos en varias calles de La Habana Vieja, regados en el callejón de Bernal del barrio de Colon, Pajarito, Atarés y un tramo de la calle San José con influencia dentro del barrio chino. Prostitutas, fleteras y chulos se veía en ciertas barriadas de la capital sobre todo en altas horas de la noche, pero se cuidaban mucho de guardar apariencias ya que la ciudadanía en general condenaban esos menesteres.

La gente trabajaba y ganaba dinero. El comercio era privado y las inversiones garantizadas en todas las esferas. Y esa forma de vida mantenían vivos muchas pequeñas empresas y negocios propios que se instalaban en el frente de muchas viviendas. Por ejemplo quién no recuerda la típica Quincalla en la sala de casas grandes y locales con vista a la calle de asesorías y solares donde se vendían golosinas, materiales de escuelas (libretas, lápices, sacapuntas); sobres, blocks de papel, redecillas, ganchos y presillas para el pelo, perfumes, talcos y demás cosméticos. Caramelos rompe-quijás, chicles y dulces caseros.

Escobas, palo de trapear y frazadas de piso. Las cafeterías con sándwiches (emparedados), la medianoche, la galleta de soda preparada, la croqueta con pan y el pan con chorizo "choripan" con el batido de leche (malteada, chocolate, trigo, plátano, mango, mamey y fruta bomba). La cafiCola en su mayoría judíos que patentizaron el vaso de agua de setz con un elixir de distintos sabores, un refresco que gustaba y solo costaba un centavo sola y dos centavos con sabores, vendían café fuerte (el famoso café cubano). Los cafés de tipo España, locales amplios casi siempre esquina de avenidas donde se desayunaba café con leche y pan con mantequilla, vasos de leche fría, algún poundcake y surtido de cigarros y tabacos.

Y lugares donde encontrar comidas baratas abundaban en toda la ciudad y barriadas. Los puestos de chinos con todo tipo de viandas y frutas frescas. Helados de frutas elaborados con agua, riquísimos, y nunca olvidar el mostrador de las frituras de bacalao, bollitos de carita, boniato frito, bollitos de papa, chicharrones de viento y de macitas de puerco. Los racimos de plátanos verde y maduro colgados para el cliente seleccionara el suyo. Y esas fondas de chinos artífices de la comida china y cubana: Arroz frito (corriente y especial) carne ahumada, costillitas de cerdo, sopa china con acelga y gran surtido de hojas verdes para sus ensaladas. Los trenes de lavado de chinos en caserones viejos donde lavaban, almidonaban y planchaban la ropa de la gente del barrio, además esos trabajadores vivían en esos mismos lugares.

La Habana estaba atestada de bares y pequeños restaurantes (fondas criollas) donde se expendía bebidas de todas clases, comida y se merendaba ya que todos estos negocios tenían el conocido lunch para ofrecer pan con mortadela, jamonada, jamón y queso. En las bodegas y muchos bares no falta el puesto de fritas con la frita, perro caliente, pan con bistec y el de chorizo. Y nadie olvida las pollerías como "la casa de las aves y huevos" donde te vendía el pollo, gallina, pavo (guanajo), guinea, conejo, jutía y otros animalitos "que nadie los come".

Las carnicerías y pescaderías con grandes neveras refrigeradas y aquellos pedazos de res colgadas de enormes ganchos, la máquina de moler el suculento picadillo y variados surtidos de pescado fresco. Los timbiriches o merolicos ambulantes que ponían sus artículos en el suelo dentro de los grandes portales de concurridas avenidas como: Galiano, Reina, Monte, Jesús del Monte, Avenida del Prado, Zulueta y otras más. Vendían artesanía, collares, aretes, pulseras, relojes y miles de cosas más. El tamalero voceando "el rico tamal que pican y no pican" y "si te comes uno, te comes dos"; y en algunas cosas si era mujer gritaba: "Oye, aquí está Olga la tamalera, la que pica y no pica".

El botellero con aquel pregón de "cambio dulces por botella vacías" ofreciendo el rico pirulí y algunas veces competía con el melcochero entregando melcochas de fresa, chocolate y vainilla. Alcance ver el carretón del carbonero que vendía latas de carbón y las legendarias sacas de carbón para cocinar y para mantener las calderas de algunos negocios en algunos barrios. El ostionero con su mueble acondicionado vendiendo ricos ostiones y camarones frescos con salsa de tomate y su picantico. Los carritos de helados y los de duro frío delicias de la niñez. El amolador de tijeras que también amolaba y le saca el filo a cuchillos y a los utensilios del barbero.

El legendario manisero con su inmortal pregón de manisero se va, caserita no te acuestes a dormir sin comerte un cucurucho de maní que costaba dos centavos y cinco el más grande. Las guaraperas con el humeante y delicioso jugo de caña (guarapo) con su tajadita de limón. ¡Qué tiempos aquellos de satisfacer los gustos de todos por igual! Vivía el rico, el mediano y el pobre de acuerdo a sus gustos y bolsillos.

Y creo que para recordarles a muchos he sido bastante amplio, aunque siempre se queda algo afuera y para conocimiento de los nuevos, una lección inolvidable de como "era mi Habana de antes con sus afectos y defectos". Se vivía como ciudadano y se disfrutaba como cubano independiente con la libertad de aquellos momentos. Y alguno de mis lectores recuerda algo de esas lindas costumbres, por favor, agregarlas creo que sin darnos cuenta hacemos historia vivida por una generación que nunca pensó Cuba se transformará en un infierno.

Miami, Florida, USA
joselmartel@yahoo.com

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